Brasil llega a su tercera final olímpica consecutiva en el fútbol masculino y defenderá el oro conquistado en Río 2016 con un equipo fuerte y bien organizado, aunque sin grandes estrellas.
Sus mayores figuras Sub-24 – Vinicius, Militão, Gabriel Jesus, Pedro, Rodrygo, Gérson, Renan Lodi o David Neres – y los tres mayores que la CBF quería llevar – Neymar, Alisson y Marquinhos – no fueron liberados por sus equipos para los JJOO. Un revés que llevó al seleccionador André Jardine tener que improvisar. El entrenador brasileño llamó al veterano Dani Alves, de 38 años, que asumió el papel de líder y capitán de un grupo con el que nunca había jugado antes. También llegaron de última hora otros dos veteranos, Diego Carlos, central del Sevilla, y Santos, portero del Athletico Paranaense, y dos jóvenes que estaban con la absoluta en la Copa América, Richarlison, del Everton, y Douglas Luiz, del Aston Villa.
Jardine montó su equipo alrededor de ellos y de Bruno Guimarães, el único jugador que podría haber estado en la Copa América con Tite pero priorizó irse a los JJ OO. El centrocapista del Lyon es el alma, la columna vertebral del equipo de Jardine. Es el hombre de transición y de creatividad. De sus pies salen prácticamente todas las jugadas de ataque de la canarinha que juega en una variación entre 4-4-2 y 4-2-3-1 con un once que debe salir así contra Espanha: Santos; Dani Alves, Diego Carlos, Nino y Guilherme Arana; Douglas Luiz, Bruno Guimarães, Antony y Claudinho; Richarlison y Matheus Cunha.
Dominio del balón y solidez en el centro del campo
La Brasil de Jardine es un equipo que domina muy bien la posesión del balón, toca con mucho temple y madurez, y que dominó ampliamente todos sus partidos en estos JJ OO ante rivales que, invariablemente, jugaron cerrados en defensa y a la contra. Pero, salvo en los primeros 30 minutos del debut contra Alemania, en todos los partidos ha sufrido mucho con el mismo problema: la ineficiencia de sus hombres de ataque ante la portería rival. Brasil parece incapaz de transformar sus muchas oportunidades en goles.
El ataque comienza por Antony, extremo del Ajax, que añade desborde y velocidad por la banda derecha. Es un jugador muy atrevido y desequilibrante, que apuesta siempre por la jugadas individuales y arrancadas. Claudinho, del Red Bull Bragantino, es un mediapunta con muy buen toque y visión, que juega a veces pegado a la izquierda y otras como mediapunta. Richarlison – pichichi de Tokio 2020 con cinco goles – hace la doble función de delantero y extremo, con libertad total para moverse y buscar huecos entre las líneas de los rivales. Matheus Cunha, delantero del Hertha Berlín, es el goleador de la selección Sub-23 de Jardine, con 18 goles en 20 partidos. No jugó con una lesión muscular ante México en la semifinal y es duda para la disputa del oro contra España. Si no estuviera, su sustituto puede ser Paulinho, del Leverkusen, o Gabriel Martinelli, del Arsenal.
Dudas en la defensa
En las pocas ocasiones donde fue presionado por sus rivales, sin embargo, la defensa de Brasil mostró debilidades. Jardine perdió el talentoso central del Arsenal, Gabriel Magalhães, lesionado en los entrenamientos previos al viaje a Japón, y en su sitio entró el joven Nino, del Fluminense, un central alto, pero sin mucha experiencia. Dani Alves y Arana son dos laterales muy ofensivos y la pareja Diego Carlos-Nino ya dio señales de que puede sufrir en el uno contra uno contra rivales que sepan explotar las jugadas en velocidad a las espaldas de los laterales.
Reinier, elemento sorpresa
Desde el banquillo, Jardine tiene dos jugadores que han cumplido todas las veces que han salido en la segunda parte. Son Malcom, ex del Barça y oy en el Zenit de San Petersburgo, y Reinier, mediapunta del Real Madrid que pasó la última temporada cedido al Borussia Dortmund.

1 Comentário

  1. Estou botando fé esse Ouro. Que esses meninos não nos decepcionam.

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